Yoganidra es el arte de soltar el control

En el estado de vigilia ocupas tu mente con toda clase de mecanismos de control, porque te da la sensación de que, si no controlas estos asuntos, no habrá nada que te sostenga, y entonces podrías sufrir todavía más. Pero esto es una ilusión. Haz el experimento y verás que cuando sueltas el control te liberas, accedes a la dimensión sagrada de tu Ser y todo tu entorno se armoniza. Cuando sueltas el control te abres a la gracia, a la magia el universo y los problemas se disuelven o se resuelven de otra forma a la que pensabas.

Cuando meditas, duermes o practicas Yoga nidra, te olvidas por un tiempo de que deberías estar haciendo algo para tener algún tipo de influencia sobre la realidad, los procesos mentales de análisis y control se rinden. Entonces te das cuenta de que el estado anhelado de plenitud no es el fruto de tus logros sino la capacidad de descansar en la simplicidad de tu esencia, en el espacio neutro y estable de la Conciencia donde acontece todo. No es posible alcanzar la plenitud “controlando” la imagen que los demás tienen de ti o controlando las cosas que suceden en tu entorno.

El Yoga nidra nos invita, durante 30 o 40 minutos por lo menos, a dejar de hacer, a dejar de controlar, dejar de darle vueltas a los problemas que siempre está creando el ego para satisfacer sus necesidades. La respuesta a nuestros grandes problemas pasa muchas veces por disolverlo. Intentemos soltarlo y resolverlo desde otro lugar más verdadero.

El único problema real es la ilusión de que somos algo distinto a la Conciencia divina. Esta ignorancia esencial, dice Patañjali, es el origen de todo sufrimiento, y de ella proceden las demás aflicciones innatas (kleshas): egoisimo, apego, rechazo y miedo a la muerte (YS 2.3). Los kleshas, estos impulsos egoicos, forman parte de nuestra naturaleza y no podemos negarlos, pero tampoco los alimentemos. La práctica de yoga es una forma de debilitarlos y que dejen de atormentarnos, pero al final de este proceso llegamos a un abismo, donde sentimos la resistencia y el control en su máxima expresión. En este momento se requiere de nosotros un último acto de fe activa: soltar completamente el control, confiar y dejarse caer. El Yoganidra nos lleva de la mano para dar este salto.

Es un salto al vacío, si, pero no hay caída. Porque cuando lo has soltado todo, todo lo que no eres, se revela aquello que no puede ser soltado, lo que eres. No puedes soltar tu Ser, porque no puedes soltar lo que eres. Ahora que lo sabes puedes descansar en él y volver a la vida, ya no para controlarla, sino para disfrutarla.

El yoga nidra nos entrena para dejar de hacer, soltar los imperativos del ego, los apegos, los rechazos, incluso el mismísimo miedo a la muerte, también soltarlo. Tenemos que entregar todo lo que no somos, porque lo que no somos nos limita, y así establecernos en lo que somos, en lo que no podemos soltar: nuestro Ser más profundo. Y así el Ser va tomando el lugar que le corresponde como centro de nuestra experiencia de vida. Y desde ahí el camino y los problemas se ven con ojos totalmente nuevos.

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