Sánscrito, lengua sagrada

Hemos escuchado decir que el sánscrito es una lengua sagrada, pero ¿en qué sentido sagrada? No solo es una lengua en la que se expresa una cultura religiosa. Según la tradición hindú, el sánscrito es una lengua revelada, “de origen divino”, esencial. En las lenguas “de origen humano”, por así decir, las palabras son etiquetas que se asignan, por convención social, a los objetos y conceptos de una cultura. De esta forma cada cultura ha construido y sigue construyendo su realidad al nombrarla y estructurarla con su lenguaje. Pero en el caso del sánscrito, este potencial creativo del lenguaje se remite al mismo origen de la creación. 

Al principio fue el OM y del OM surgió todo el alfabeto. De cada fonema del alfabeto emanaron los distintos niveles de la realidad, desde el más sutil al más denso. Por eso se cree que las palabras sánscritas no solo designan conceptos y cosas, sino que son ellas mismas las semillas que crean y manifiestan la realidades que experimentamos. Otra forma de explicarlo sería decir que la vibración que se desprende de las palabras sánscritas se corresponde con la vibración de las realidades que estas representan. Es decir, en el caso del sánscrito, habría una relación esencial (no convencional) entre el sonido y la realidad, entre la palabra y la cosa. De ahí el poder de los mantras, del canto védico y de la recitación de textos. Cuando un mantra se pronuncia con precisión, su reverberación (sphota) tiene un impacto en todo el universo, empezando por uno mismo. Al pronunciar un mantra nos transformamos en él, porque su sonido hace vibrar el agua de nuestro cuerpo con esa información esencial. Por eso es tan importante que la pronuncia sea precisa. Cuando canto o recito en sánscrito, siento como la energía del universo (prāna) pasa por mi cuerpo y lo hace vibrar, como el aire al pasar por la cánula de una flauta.

Explican los filósofos indios del lenguaje que cada fonema del alfabeto sánscrito se corresponde con un nivel de la realidad, con un nivel de conciencia y con un punto de articulación (un tecla) de nuestro aparato fónico. El mantra OM contiene todos los sonidos potenciales en una sola vibración. Cuando cantamos OM nos convertimos en OM, es decir, en la voz de la creación. En mi experiencia, esto es así, pero no es suficiente con saberlo y hacerlo. Hay que abrirse a Ello con el Cuerpo y con el Sentimiento.

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